Lo que nos enseñan los datos de la USPA sobre seguridad, control de campana y toma de decisiones.
La mayoría de las lesiones no ocurren en caída libre
Cuando pensamos en los riesgos del paracaidismo, muchas personas imaginan problemas durante la salida del avión, la caída libre o la apertura del paracaídas.
Sin embargo, los datos vuelven a mostrar una realidad muy diferente.
La primera parte del informe de incidentes no fatales de 2025 publicado por la USPA (United States Parachute Association) analiza 254 incidentes reportados durante el año y confirma una tendencia que lleva años repitiéndose: la mayor parte de las lesiones se producen bajo campana y, especialmente, durante el aterrizaje.
Según el informe, el 58,4% de todos los incidentes reportados estuvieron relacionados con problemas durante la fase de aterrizaje.
¡Más de la mitad!
No es una cifra menor. Es un recordatorio de que el vuelo de campana no es simplemente el trayecto entre la apertura y el suelo. Es una disciplina en sí misma que requiere formación, práctica y entrenamiento continuo.
¿Qué tipo de incidentes son los más frecuentes?
El informe divide los incidentes de aterrizaje en tres grandes categorías.
1. Giros bajos intencionados
Se registraron 16 incidentes relacionados con giros bajos realizados de forma deliberada.
Uno de los puntos más claros del informe es que la gravedad de las lesiones aumenta conforme aumenta el ángulo del giro.
Además, todos los implicados eran paracaidistas con licencia C o D que realizaron giros de 90 grados o más.
Como señala el informe:
«La gravedad de las lesiones aumenta con el grado del giro.»
Esto nos recuerda una realidad incómoda: la experiencia por sí sola no elimina el riesgo.
De hecho, muchos accidentes graves no ocurren por desconocimiento, sino por exceso de confianza, normalización del riesgo o una valoración incorrecta de las condiciones del salto.
2. Giros bajos no intencionados
La segunda categoría incluye 18 incidentes producidos por giros bajos involuntarios.
A diferencia del grupo anterior, aquí aparecen todos los niveles de experiencia: desde estudiantes hasta paracaidistas con más de 1.200 saltos.
Esto resulta especialmente interesante porque demuestra que ciertos errores no están relacionados únicamente con la falta de experiencia.
Las distracciones, los cambios de tráfico, las correcciones de última hora o una mala gestión de la altura pueden afectar a cualquier persona.
La experiencia ayuda, pero no sustituye una buena toma de decisiones.
3. Problemas de aterrizaje sin giro
Esta fue, con diferencia, la categoría más numerosa.
El informe recoge 98 incidentes que no estuvieron relacionados con giros bajos, sino con errores durante la fase final del aterrizaje.
Y aquí aparece uno de los aspectos más relevantes del análisis.


El flare sigue siendo una de las claves
Dentro de los incidentes de aterrizaje sin giro, los errores más frecuentes estuvieron relacionados con la ejecución del flare.
La USPA destaca especialmente:
- Flare demasiado alto.
- Flare demasiado pronto.
- Flare demasiado tarde.
- Flare incompleto.
- Mala progresión durante la frenada final.
Puede parecer un detalle técnico, pero el flare es precisamente la maniobra que transforma velocidad en sustentación y permite reducir la energía antes del contacto con el suelo.
Un error de apenas unos segundos puede marcar una enorme diferencia en el resultado del aterrizaje.
Por eso muchos cursos de control de campana dedican tantas horas a trabajar patrones, referencias visuales, percepción de altura y gestión de la energía.
No se trata únicamente de aterrizar de pie. Se trata de aterrizar con margen.
El dato que más llama la atención: el PLF funciona
Uno de los puntos más interesantes del informe es la comparación entre los incidentes en los que el paracaidista intentó realizar una maniobra de aterrizaje (PLF) y aquellos en los que no lo hizo.
La conclusión es contundente.
Según la USPA:
«Los reportes en los que se intentó un PLF muestran consistentemente lesiones menos severas que aquellos en los que no se intentó.»
Es una conclusión especialmente relevante porque muchos paracaidistas consideran el PLF una técnica asociada únicamente a los primeros saltos.
Sin embargo, los datos muestran que sigue siendo una herramienta eficaz para reducir lesiones.
La realidad es que nadie planea hacer un mal aterrizaje, pero cuando algo no sale como estaba previsto, disponer de recursos técnicos puede marcar una diferencia enorme.

La formación en campana importa
Quizá el mensaje más importante que deja este informe es que la seguridad no depende únicamente de acumular saltos.
- Depende de entrenar.
- Depende de mantener hábitos de seguridad.
- Depende de seguir aprendiendo.
Muchas veces se invierte mucho tiempo y dinero en mejorar habilidades de caída libre mientras el vuelo de campana queda relegado a un segundo plano.
Sin embargo, las estadísticas llevan años señalando la misma dirección: la mayoría de los incidentes se producen bajo campana.
Por eso los cursos específicos de control de campana son una de las mejores inversiones que puede realizar un paracaidista, especialmente durante las primeras etapas de su progresión deportiva.
Aprender a gestionar la energía, interpretar el tráfico, identificar riesgos, tomar decisiones con margen y ejecutar aterrizajes consistentes aporta mucho más que comodidad. Aporta seguridad.
La importancia de reportar los incidentes
Hay otro dato del informe que merece una reflexión aparte.
La USPA estima que actualmente solo se reporta aproximadamente un 5% de los incidentes que deberían llegar al sistema de notificación.
Si esta estimación es correcta, significa que la inmensa mayoría de los incidentes, lesiones y situaciones de riesgo nunca llegan a formar parte de las estadísticas que utiliza la comunidad para aprender y mejorar.
Y eso supone una oportunidad perdida.
Cada incidente reportado aporta información valiosa. Permite identificar tendencias, detectar problemas recurrentes, evaluar procedimientos, desarrollar nuevos programas de formación e impulsar investigaciones orientadas a mejorar la seguridad del deporte.
Cuando una organización publica informes como este, no está analizando números. Está intentando convertir experiencias reales en conocimiento útil para toda la comunidad.
Por eso es tan importante que paracaidistas, centros de salto, instructores, federaciones y organizaciones trabajemos juntos para fomentar una cultura de reporte abierta y constructiva.
Reportar un incidente no debería entenderse como señalar un error. Debería entenderse como una contribución a la seguridad colectiva.
Porque cada dato que se comparte puede ayudar a evitar que otra persona cometa el mismo error en el futuro.
Y en un deporte donde gran parte del aprendizaje se construye a partir de la experiencia acumulada, compartir esa información es una de las herramientas más poderosas que tenemos para seguir avanzando.
Conclusión
Los datos de la USPA vuelven a recordarnos algo que a menudo olvidamos:
El salto no termina cuando se abre el paracaídas.
La fase más crítica comienza precisamente ahí.
El informe de 2025 confirma que los problemas durante el aterrizaje siguen siendo la principal causa de lesiones no fatales en el paracaidismo.
Y también nos deja algunas enseñanzas muy claras:
- Los giros bajos siguen siendo una fuente importante de lesiones graves.
- Los errores de flare continúan apareciendo con frecuencia.
- El PLF reduce la gravedad de las lesiones.
- La formación en control de campana sigue siendo una de las herramientas más eficaces para mejorar la seguridad.
Porque, al final, la diferencia entre un aterrizaje bueno y un aterrizaje seguro no siempre está en hacerlo perfecto. Está en tener recursos cuando las cosas no salen perfectas.
Si quieres leer el informe original completo y consultar todos los datos, puedes hacerlo en Parachutist.com, publicación oficial de la USPA.
Lo que he aprendido de mis propios aterrizajes
Leyendo este informe es imposible no mirar atrás y recordar algunas de mis propias lesiones.
Durante años tuve varios accidentes en aterrizaje. Algunos por hacer el flare demasiado alto. Otros por hacerlo demasiado tarde. Lesiones en tobillos, rodillas, lombalgías, fisuras y fracturas. Incluso sufrí fracturas vertebrales tras un aterrizaje en el que inicié el flare muy alto y terminé cayendo sobre la espalda.
Con el tiempo he entendido que muchas de aquellas lesiones no fueron consecuencia de un único error, sino de una combinación de factores.
Uno de ellos era la falta de recurrencia.
Saltaba poco y además dejaba pasar demasiado tiempo entre salto y salto. Hoy sigo sin ser una persona que haga cientos de saltos al año, pero procuro concentrarlos más sin dejar pasar largos periodos sin tocar una campana.
En los cursos de control de campana se habla mucho del sweet spot, ese punto óptimo en el que iniciar el flare. Encontrarlo depende de la repetición, de la memoria muscular y de mantener sensaciones relativamente frescas. Cuando pasan demasiadas semanas o meses entre saltos, es mucho más difícil recuperar esas referencias.
Otra lección importante ha sido aprender a pedir ayuda.
Después de algunas lesiones volví a saltar utilizando radio porque necesitaba recuperar confianza, referencias y consistencia. También pasé mucho tiempo aterrizando en la zona de alumnos.
Y sinceramente, creo que fue una de las mejores decisiones que pude tomar.
Una zona más amplia me permitía priorizar la seguridad sobre el ego. Podía aterrizar con más margen, adaptar mejor mi aproximación y tomar decisiones con menos presión. Incluso hoy, cuando las condiciones cambian, el viento es extraño o simplemente algo no me convence, no tengo ningún problema en elegir la opción más conservadora.
He aprendido que la experiencia no consiste en asumir más riesgos. La experiencia consiste en reconocer cuándo puedes reducirlos.
También he descubierto algo que me ayudó a minimizar el riesgo de incidentes: la fatiga.
En algunos momentos pasados, uno de los factores que más influyó en algunas de mis lesiones fue la dificultad para saber cuándo parar. Había días en los que ya llevaba varios saltos, estaba claramente cansada, y si surgía la oportunidad de hacer “un salto más”, iba. Y en ese punto, aunque mi cuerpo ya me estaba dando señales claras, decidía continuar. Y ahí, más de una lesión ocurrió precisamente en este «un salto más».
Con el tiempo entendí que mi nivel óptimo no era el mismo que el de otras personas.
Hoy sé cuántos saltos puedo hacer en un día manteniendo mi concentración, mi energía y mi capacidad de tomar buenas decisiones. Para mí, normalmente, ese número está en cuatro, a partir de ahí empiezo a notar cansancio físico y mental, especialmente en verano o durante eventos intensivos.
Cada paracaidista tendrá un límite diferente. Lo importante es encontrarlo y saber cuando puedes/quieres/sientes que puedes sobrepasarlo.
Porque la seguridad no depende únicamente de cómo volamos una campana. También depende de la energía con la que llegamos a ella.
Y muchas veces, la decisión más inteligente del día no es hacer un salto más.
Es saber cuándo dejar de saltar.